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Talentos desperdiciados

Por la rigidez de un sistema educativo que ha propiciado un currículo alejado de las expectativas, necesidades y capacidades de los estudiantes se ha llegado a un cúmulo de profesionales que no tienen ni las habilidades ni la vocación para los cargos en que se desempeñan.
Se insiste en áreas "fundamentales" como las matemáticas, la lengua, las ciencias sociales y naturales y se desdeñan áreas como la educación física, las artes o la tecnología. Primero se tiene que partir de la "vocación", aquéllo que hace vibrar al ser, ese impulso intrínseco para hacer algo. Luego, y debería ser papel de la escuela", ayudar al estudiante a descubrir esas habilidades con las que la naturaleza le ha dotado.
Partiendo de estos dos presupuestos, vocación y habilidades natas, la escuela debe ayudar a perfilar al estudiante para su posterior desempeño laboral.
Sucede, es la cotidianidad, estudiantes que no se sienten identificados con actividades demasiado técnicas, sin afinidad por las matemáticas y las ciencias,  inducidos a formarse en las ciencias "duras", impulsados por las remuneraciones altas y fijas, dejando de lado sus fortalezas en las humanidades o los deporte, o las ventas, o el emprendimiento...
¿Cuántos grandes prospectos en las artes y en los deportes se han perdido sólo por la falaz idea de formarse en las "ciencias duras", en procura de una seguridad o estabilidad laboral y económica?
¿Cuántas profesionales fracasados por desempeñarse en áreas para las que no tienen afinidad y habilidades?
La docencia, la profesión llamada para ayudar a los jóvenes a descubrir sus grandes potencialidades, es la que más adolece de profesionales idóneos, de vocación. Son muchos los docentes, muchos, que están en el gremio porque no supieron encontrar una labor en la cual desempeñarse con éxito y porque han encontrado en un sistema permisivo y con salarios fijos, altas preferencias y un sinnúmero de beneficios que no se tienen en el mundo laboral común o en en la incertifumbre del trabajo independiente o los emprendimientos.
Muchos jóvenes, abocados por los bajos ingresos, por la carencia de oportunidades, ven en la docencia un paraíso en el cual  se anclan con salarios fijos e indefinidos, sin necesidad de mostrar resultados, sin exigencia de altos estándares universales y criterios únicos. La incompetencia de los docentes pasa desapercibida por la ignorancia de los estudiantes y no hay manera de mostrar el error.
Si no hay aprendizajes en los estudiantes se atribuye a múltiples factores en el contexto educativo: los recursos, el Estado, las familias, los estudiantes... excepto a los docentes.
Las universidades avalan licenciados, maestros o doctores sin validar la idoneidad de los graduandos en el campo de acción, más bien amparados en intereses económicos.
El llamado es a que la academia, desde sus planes de licenciatura, maestría o doctorado, ayuden a que sus estudiantes encuentren su real vocación y sí realmente se tienen las competencias para desempeñarse exitosamente en el ámbito escolar.
La escuela requiere profesionales con muchas habilidades. Habilidades blandas como el liderezgo, la empatía y todas sus afines, así como de competencias "duras" en el área disciplinar y en pedagogía.

Ardua tareas, difícil de lograr de manera efectiva.









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