Ir al contenido principal

DESILUSIÓN

 Amis 52 años de edad y luego de 31 años dedicado a la educación, siento que emprendí una tarea absurda. Me sentí solo, más quijotesco, más utópico, más iluso. Después de tantos estudios, tanto escrito para la formación de docentes, maestrías, incluso doctorados y todavía encuentro que el común denominador en las aulas es la metodología de hace 47 años, de cuando me llevaron a la escuela y doña Noelia me enseñaba las tablas de multiplicar y yo terminada llorando porque no era capaz de aprender a dividir. Ese algoritmo abstruso de la división, ese que sólo aprenden las profesoras muy inteligentes que enseñan en la primaria. Ese malhadado artilugio que ni los más avezados ingenieros y matemáticos recuerdan o utilizan en sus desarrollos ingenieriles. 

Cuánto me asombran los grandes avances de la ciencia, de la tecnología! Y saber que ni en los más elaborados algoritmos para los desarrollos de inteligencia artificial se recurre a estos trucos matemáticos apropiados para las revistas que se venden en los buses.

No sé cómo enseñarle a un profesor "cómo enseñarle matemáticas a un niño". Me voy a atrever a disertar un poco, a divagar como un método para tratar de dilucidar este asunto tan retador.

Primero, diría que es entender, asimilar, comprender que el cerebro de un niño de 8 años está a penas madurando, está en formación. Que no se puede abordar al niño como un adulto pequeño, dado que sus estructuras mentales son endebles, están en ciernes, que se están formando. Para esto es, hasta ahora y para mí, inevitablemente, estudiar los estadios del desarrollo según Piaget. No sé si en los nuevos estudios de neuroeducación hayan mejores descubrimientos en este campo. Vigotsky, otro gran autor que ayudó bastante en mis primeras épocas de docencia a comprender mejor la forma de abordar el conocimiento en los niños y jóvenes.

Seguramente hay mucha literatura en torno a esto, lo importante, no es que sea Piaget o los que yo estudié en mi momento, aquí lo que prima es que el docente esté en constante búsqueda de metodologías que apunten a las maneras como el niño accede al conocimiento.  

Las metodologías arcaicas y primitivas lo que ocasionan son bloqueos y fobias en los estudiantes.

Me parece aberrante ver cómo todavía ocupan el año escolar enseñando a multiplicar y a dividir como lo hacían mis abuelos. Esta manera ignora, reitero, las etapas del desarrollo mental del niño. La manera como se aborda, lo hace dando por sentado que el estudiante tiene una habilidad desarrollada en el pensamiento abstracto, dejando de lado que en estas edades el pensamiento es altamente concreto y requiere de elementos tangibles. 

Pretender que con expresiones en el acto de enseñanza como: "pongo el 'x', llevo 6..." por ejemplo, sin un referente concreto, acudiendo a elementos meramente abstractos en la mente de un niño de 8 años, es un acto de fe. No están las estructuras formadas para que estos conceptos se hagan parte del  saber.

Es necesario que previamente haya habido una fuerte formación del pensamiento multiplicativo, una apropiación de elementos que establezcan la urdimbre para que lo abstracto se vaya conformando. Desde lo visual, lo kinestésico, lo lúdico, partiendo de elementos físicos tales como bloques, billetes, juegos como a la "tiendecita", el uso de cuentas en el ábaco, el uso de tanteo, la estimación y un sinnúmero de actividades que acerquen al estudiante al concepto, que lo ayuden a "construir" el concepto. Tener presente que ninguno enseñamos, que cada individuo aprende. Nosotros en nuestro rol, procuramos el escenario para que el estudiante acceda al conocimiento.

Siempre que me topo con estos sucesos, recuerdo un librito amarillo que encontré en alguna escuela hace muchos años ya, que tenía un artículo de Gastón Bacherlard y que decía algo así como "de los maestros que ya no van a la escuela". 

El ejercicio académico es un reto primero para el docente. La escuela está pensada como un centro para el aprendizaje. El aprendizaje metódico, científico, mediado por la epistemología. La experiencia y lo que se aprende de manera empírica es denostado por carecer de rigor. Por eso el primer aprendiz, el más exigente con el acto de aprendizaje tiene que ser el docente. Lector empedernido, estudioso constante, crítico de lo que hace día a día, reflexivo del quehacer diario. 













|

Comentarios

Entradas populares de este blog

Envidia: la expresión de los perdedores

ENVIDIA:  Sentimiento de tristeza o enojo que experimenta la persona que no tiene o desearía tener para sí sola algo que otra posee. Esa definición es exacta para aquéllos que se la pasan enfrentados con el poder, con la riqueza, con la jerarquía. Envidia la que siente el que es empleado por el patrono.  La que demuestra el subordinado por su líder.  La que expone el seguidor por su ídolo... Todas se expresan de diversa índole.  Denostando del superior, haciendo calumnia de éste, menoscabando su dignidad... En fin. 

LA REBELDÍA DE LOS PERDEDORES

No sé si en la historia humana haya registros de personas que en algún momento de sus vidas después de una estela de maldad hayan hecho transformaciones vitales tan radicales que hayan pasado de villanos a honrados o nobles.  Me limito sólo a mi exigua experiencia: No he visto tal caso. En la barbarie en que se vio envuelto nuestro país en los años de violencia guerrillera se ha vivido toda clase de atrocidades, pero me doy cuenta que eso no fue relevante y hasta parece que se justifican tales aberraciones.  En los medios de comunicación, en las universidades, en el gobierno y en los círculos llamados "eruditos" se hace caso omiso de las aberraciones de los violentos.  Por fortuna existe el perdón, puesto que de otra forma sería imposible continuar la vida con el recuerdo de tanto dolor.  En Colombia la violencia guerrillera se ensañó contra los más débiles con la excusa de la destrucción del poder de los ricos.  Fueron los pueblos los que terminaron siendo ...

INCOHERENCIA

 Cuatro años después, vuelvo a este blog. El blog en el que expreso mi sentir respecto a un sistema educativo con el que tengo grandes reparos. En 1989, a mis 17 años expresaba en clases de filosofía en mi querido colegio De Jesús, que la educación requería un cambio. El profesor Alberto Rodríguez, me decía, "y qué debe cambiar, según usted? En mi limitado saber no atinaba a responder con precisión qué era "eso que se debía cambiar", era tal vez una "corazonada", mero impulso intuitivo. Pero yo sabía que algo no iba acorde a lo que yo soñaba. Hoy, 35 años después, y de ellos, 31 dedicados a la educación, puedo decir, con mayor certeza, y algunos argumentos, que si son necesarios muchos cambios en la educación. En mi país, el desmonte de un sindicalismo que arrasó con la autoestima del docente, convirtiéndolo en méndigo del estado, con una imagen empobrecida y lastimera ante la sociedad y una subvaloración de sí mismo, desdeñando su papel trascendental en la soc...