La escuela no promueve para el trabajo. No habilita para las universidades y en la calle los ciudadanos presentan inmensas falencias en su civismo. Entonces, ¿Para qué es la escuela? Algunos la ven como el abrebocas de la educación superior, otros como la panacea para solucionar los problemas sociales que agobian a las comunidades, al país. Hay quienes la tienen como la única posibilidad para subsistir: algunos docentes y padres de familia.
La cuerda se rompe por la parte más débil. En este quehacer educativo el punto de quiebre, la parte más débil en el sistema es el estudiante. Todo está hecho para ellos pero el que pierde a la hora de enfrentar dificultades propias del sistema es el estudiante. Por dificultades de aprendizaje o conductuales a la hora de escoger quién se queda o quién se va, quien es sujeto de intervención, a la hora de hallar culpables y otros problemas que se presentan en el sistema, el escogido para expiar la culpa es el estudiante. Los currículos son pertinentes y bien diseñados; los docentes son idóneos, bien preparados; los padres están ocupados trabajando para el sustento de la familia. El más frágil, el que está en el último eslabón de la cadena, el más indefenso, el que tiene todos los problemas, el que ocasiona las dificultades es el estudiante. NO MÁS. Entremos a revisar el currículo: su pertinencia, su capacidad de promocionar competencias útiles en la vida de...
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